17 de Octubre de 2006

"Este martes 17 de octubre es el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, fijado en el calendario en 1992 por Naciones Unidas. Han pasado 14 años desde entonces y los avances en esta complicada carrera contra la muerte no han conseguido ninguno de sus objetivos. Mientras buena parte de la sociedad occidental da descaradamente la espalda a la pandemia social más grave de los últimos siglos, lo cierto es que más de la mitad del mundo sigue siendo pobre y más de 1.300 millones de personas siguen viviendo con menos de un dólar al día, barrera en la que se cifra el umbral de la pobreza extrema.
El mundo desarrollado, ese que ha venido a llamarse el 'Primer Mundo', desde la Revolución Industrial, se ha constituido en un sistema de indudable solidez en lo económico, el sistema capitalista. Este modelo tiene su complemento perfecto en la esfera política con la consolidación paulatina de la democracia en Estados Unidos y Europa tras las revoluciones de 1776 y 1789 respectivamente. El modelo se hizo prácticamente indestructible gracias al positivismo, a la legitimación científica del planteamiento occidental.
Revisando este modelo también se pueden encontrar fisuras. En 1929 y 1973 las más profundas y evidentes. También el movimiento antiglobalización da pistas acerca de las grietas que existen hoy en el sistema de mercado. Sin embargo, y ésa es la gran cualidad del capitalismo-democrático-científico, siempre se ha reforzado aprendiendo de los errores que lo llevaron al borde de la autodestrucción. Por supuesto, la victoria estructural sobre el comunismo, abatido mucho antes de la simbólica caída del muro, también ayudó a engrasar la gran máquina en su imparable rumbo hacia la postmodernidad.
Esta aproximación a la historia del capitalismo no ha tenido en cuenta, sin embargo, las consecuencias éticas. La riqueza en el mundo está distribuida de forma radicalmente desigual y lo que es peor, las desigualdades se acentúan dentro de las naciones y entre ellas. Y es que los fríos números hablan por sí mismos. Actualmente, en el mundo en desarrollo 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar diario y más de 3.000 millones, la mitad de la población mundial, con menos de dos dólares. La pobreza es el principal problema global al que se enfrenta el mundo en el siglo XXI.
Dos teorías enfrentadas
El Eje Norte se ha consolidado planteando un modelo de desarrollo excluyente. La asignación de los recursos de los que dispone el planeta no es equitativa ni proporcional.
Según los neomalthusianos, la población crece en proporción geométrica en tanto que los recursos alimenticios aumentan en progresión aritmética. El desequilibrio entre el crecimiento demográfico y la producción de alimentos se agravará progresivamente y provocará el hambre y la miseria en el mundo, en tanto que además el medio ambiente sea esquilmado de forma tan irracional. La sostenibilidad del planeta está en peligro y la solución del llamado Club de Roma pasaría por un control exhaustivo de la natalidad, ya que de lo contrario las enfermedades y pandemias se encargarán de restablecer el orden natural.
En Indonesia también son los niños los que más sufren las consecuencias de la desigualdad.
Muchas otras teorías contemporáneas apuntan hacia soluciones diferentes. Para ello prevén que la población mundial se estancará entorno a los 11 mil millones de personas, cifra a la que se puede dar de comer racionalizando los recursos ya existentes en el planeta. El bloqueo que sufre la lucha contra la pobreza parece pues, a tenor de estos estudios de población y recursos, superable siempre que exista voluntad internacional. La pregunta es, ¿la hay?
Ninguna solución podrá implantarse con eficacia si no existe una mutación de al menos dos factores clave tenidos en cuenta de forma conjunta: el sistema de mercado y el concepto mismo de Estado. Es, por tanto, un problema esencialmente político, de intereses cruzados.
Mientras las grandes corporaciones sigan proyectando y filtrando su poder a través de la clase política, no habrá soluciones, porque, como empresas, su deber y teleología consistirá en seguir haciendo caja. Mientras el sistema se perpetúe tal y como lo conocemos, se fomentará el enriquecimiento unilateral y la estratificación segregadora que origina a su vez un amplio abanico de subproblemas de colosal magnitud para la humanidad, como puede ser el desempleo masivo, los flujos migratorios desproporcionados o las diferentes formas de oposición frontal y rechazo a un sistema injusto para miles de millones de personas."
El mundo desarrollado, ese que ha venido a llamarse el 'Primer Mundo', desde la Revolución Industrial, se ha constituido en un sistema de indudable solidez en lo económico, el sistema capitalista. Este modelo tiene su complemento perfecto en la esfera política con la consolidación paulatina de la democracia en Estados Unidos y Europa tras las revoluciones de 1776 y 1789 respectivamente. El modelo se hizo prácticamente indestructible gracias al positivismo, a la legitimación científica del planteamiento occidental.
Revisando este modelo también se pueden encontrar fisuras. En 1929 y 1973 las más profundas y evidentes. También el movimiento antiglobalización da pistas acerca de las grietas que existen hoy en el sistema de mercado. Sin embargo, y ésa es la gran cualidad del capitalismo-democrático-científico, siempre se ha reforzado aprendiendo de los errores que lo llevaron al borde de la autodestrucción. Por supuesto, la victoria estructural sobre el comunismo, abatido mucho antes de la simbólica caída del muro, también ayudó a engrasar la gran máquina en su imparable rumbo hacia la postmodernidad.
Esta aproximación a la historia del capitalismo no ha tenido en cuenta, sin embargo, las consecuencias éticas. La riqueza en el mundo está distribuida de forma radicalmente desigual y lo que es peor, las desigualdades se acentúan dentro de las naciones y entre ellas. Y es que los fríos números hablan por sí mismos. Actualmente, en el mundo en desarrollo 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar diario y más de 3.000 millones, la mitad de la población mundial, con menos de dos dólares. La pobreza es el principal problema global al que se enfrenta el mundo en el siglo XXI.
Dos teorías enfrentadas
El Eje Norte se ha consolidado planteando un modelo de desarrollo excluyente. La asignación de los recursos de los que dispone el planeta no es equitativa ni proporcional.
Según los neomalthusianos, la población crece en proporción geométrica en tanto que los recursos alimenticios aumentan en progresión aritmética. El desequilibrio entre el crecimiento demográfico y la producción de alimentos se agravará progresivamente y provocará el hambre y la miseria en el mundo, en tanto que además el medio ambiente sea esquilmado de forma tan irracional. La sostenibilidad del planeta está en peligro y la solución del llamado Club de Roma pasaría por un control exhaustivo de la natalidad, ya que de lo contrario las enfermedades y pandemias se encargarán de restablecer el orden natural.
En Indonesia también son los niños los que más sufren las consecuencias de la desigualdad.
Muchas otras teorías contemporáneas apuntan hacia soluciones diferentes. Para ello prevén que la población mundial se estancará entorno a los 11 mil millones de personas, cifra a la que se puede dar de comer racionalizando los recursos ya existentes en el planeta. El bloqueo que sufre la lucha contra la pobreza parece pues, a tenor de estos estudios de población y recursos, superable siempre que exista voluntad internacional. La pregunta es, ¿la hay?
Ninguna solución podrá implantarse con eficacia si no existe una mutación de al menos dos factores clave tenidos en cuenta de forma conjunta: el sistema de mercado y el concepto mismo de Estado. Es, por tanto, un problema esencialmente político, de intereses cruzados.
Mientras las grandes corporaciones sigan proyectando y filtrando su poder a través de la clase política, no habrá soluciones, porque, como empresas, su deber y teleología consistirá en seguir haciendo caja. Mientras el sistema se perpetúe tal y como lo conocemos, se fomentará el enriquecimiento unilateral y la estratificación segregadora que origina a su vez un amplio abanico de subproblemas de colosal magnitud para la humanidad, como puede ser el desempleo masivo, los flujos migratorios desproporcionados o las diferentes formas de oposición frontal y rechazo a un sistema injusto para miles de millones de personas."
G. de la Vega

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