martes, octubre 31, 2006


Desvíos de la naturaleza



"¿Por qué lo diferente nos resulta inquietante?. Y no hablo de cuestiones de etnias, ni de “razas”, ni de inmigrantes, como sería lógico pensar basándonos en el estado actual de las cosas. Hablo de aquellos humanos que no han nacido con los atributos que se consideran diagnósticos de un producto íntegro y bien acabado. Tullidos, desproporcionados, enfermos mentales y cualquier otra anomalía que se nos ocurra pensar entra dentro de lo “anormal” y eso es, simplemente, no poseer las condiciones de la normalidad. Por ello es imprescindible preguntar qué es la normalidad y quién es el encargado de fijar sus límites.

Esta no es una pregunta exclusiva de nuestro tiempo, a pesar de la genial obra de Tod Browning en 1932 que supuso el final de su prometedora carrera cinematográfica por emplear actores reales en Freaks, la parada de los monstruos. Parece que tan alta dosis de realidad no gustó y la película tardó treinta años en volver a proyectarse. La diferencia incomoda. Pero no ha sido el siglo XX el único en atender este tipo de cuestiones. D. Ioseph de Rivilla Bonet y Pueyo, natural de Zaragoza y “médico profesor del Arte Quirúrgico”, firmó en 1695 una obra titulada Desvíos de la naturaleza o Tratado del origen de los monstruos. Pasando por alto la cuestión de si realmente lo escribió él (parece que lo hizo Pedro de Peralta Barnuevo, erudito peruano), lo que resulta interesante es que la obra se escribe con motivo del nacimiento de hermanos siameses en la cuidad de Lima, donde Rivilla ejercía como médico de cámara. Aprovechando el acontecimiento se elabora un libro estructurado en 10 capítulos que analiza desde la etimología de la palabra monstruo, pasando por “el infante bicípite de Lima nacido a 30 de noviembre del año pasado de 1694” hasta la conveniencia del bautismo de ambas criaturas.

Monstruo, “según todos dicen”, se decía a monstrando porque eran partos dignos de admiración a causa de su extrañeza, por la curiosidad y por su novedad. Según Zaquías, monstruo es “cualquier cosa admirable no sólo por exceso de malicia sino también de bondad”. Aristóteles afirmó en De generatione que un monstruo era un “concepto vicioso y procreado fuera de la intención de la naturaleza, con falta o exceso de alguna cosa”. Denomina a los monstruos parekbasis o parepga: excursiones, disgresiones, desvíos de la naturaleza.

El monstruo con componentes humanos supone una auténtica obsesión y un buen desafío a las estructuras ideológicas de la época. El autor aborda la cuestión de la “simiente” humana, que se diferencia de la del resto de las especies por su nobleza: “su espíritu material es más noble que el de la simiente de los animales”. Si los monstruos tienen una impronta de la simiente humana, entonces los monstruos deberían poseer algunas cualidades racionales. Sin embargo el autor se apresura a negar este extremo. Cree que no hay capacidad racional alguna en estos monstruos a pesar de su componente humano.

El siguiente punto de su argumentación se centra en explicar los motivos del nacimiento de los monstruos. Comienza ofreciendo una explicación clásica: se creía que los monstruos eran avisos de las futuras venganzas y grandes males, “como los nacidos por toda Europa antes de la herejía de Lutero”. Algunos párrafos después apunta que sería un error atribuir todas las monstruosidades al Artesano. Expone dos ejemplos de lo fantástico de los monstruos. Habla de un monstruo nacido en Cracovia en 1593 que nada más nacer pronunció una frase en latín: Vigilate, Dominus Deus noster adventat, sentencia de claras referencias milenaristas. Después narra el nacimiento del Tetrachyron (o cuatro manos) el 12 de febrero de 1577 a orillas del Danubio, cerca de Buda. Tenía “rostro humano, orejas de asno, buey de vientre a los pies, con plumas y alas disformes al principio de los muslos”. El nacimiento del bicorpóreo en Lima del 30 de noviembre de 1694 y que inspira la obra se interpreta como una señal que honra el feliz gobierno del conde de la Monclova, al cual está dirigida la obra. El nacer abrazados se ha interpretado como un símbolo de felicidad, unión, paz y amor. La seriedad de Rivilla analizando las causas de estos partos anormales queda en entredicho en este punto, ya que parece estar más centrado en alabar las virtudes de su patrocinador que en desentrañar la verdad del asunto. Servidumbres, y no necesariamente exclusivas de aquél tiempo.

En el mismo siglo XVII destacan con entidad propia los retratos de enanos realizados por Velázquez, retratos llevados a cabo en el ámbito de la corte. Los enanos formaban parte del círculo más íntimo del Rey desde el siglo XVI. Sólo ellos estaban autorizados a quebrar las rígidas normas de comportamiento al no ser considerados como individuos en posesión de todas sus capacidades. El motivo de comprar enanos (los mejores se podían adquirir en Polonia ya que, según la leyenda, un médico de Varsovia había inventado un ungüento que, aplicado sobre la espina dorsal del niño, favorecía el enanismo) y mantenerlos en la corte tenían una motivación aparentemente estética. Si se junta en un mismo espacio a lo más bello y a lo más feo, las virtudes de lo más bello resaltarán aún más. Por ello los reyes se harán retratar con sus enanos. La estética se cimentaba en una profunda convicción moral, además de plantear la ciclópea diversidad creativa de la naturaleza, capaz de crear un ser tan excepcional como un Rey y tan degradante como un enano.

La alteridad ha formado parte de la estructura ideológica de los hombres desde el principio como un poderoso elemento didáctico que permite la definición de uno mismo y los suyos por oposición: “somos aquello que ellos no son”, además de justificar la superioridad estética y moral de determinados pueblos. Para los europeos China era un lugar extraordinario en lo que a hombres diferentes se refiere. Jean de Plain Carpin, monje franciscano que viajó por Asia entre 1245 y 1247, escribió Historie des Mongols y en ella recogió dos especies de hombres con cabeza de perro. Sin embargo el hombre diferente no es una construcción genuinamente europea ni occidental. Los chinos también son grandes especialistas en alteridad. Todo el espacio que rodeaba China estaba habitado por seres insólitos. Entre los más clásicos destacan los enanos y los gigantes, gentes sin intestinos, hombres con cabeza, pies y manos negras o con un gran agujero en el pecho. Todas estas maravillas se recogieron en El libro de las montañas y los mares, redactado a partir del siglo VI a. C., y resulta increíble que hayan llegado hasta la enciclopedia china de 1607, reeditada en 1713 en Japón.

Parece ser la diferencia un elemento inherente a la existencia del humano, desde la antigua Grecia hasta nuestros días, y seguramente lo seguirá siendo en un futuro. Las categorías estéticas, productos de la cultura a la que cada uno se adscribe, dictan los cánones de lo que debe ser considerado normal y, por el contrario, dictan implícitamente los rasgos de los fenómenos ante los que debemos sentir miedo, asco y un profundo rechazo. Negarlo es no querer reconocer que el hombre necesita diferencias pasa sentirse seguro. "

I. Ampudia de Haro

4 Comments:

Blogger Firnthirith said...

Sin un concepto de lo homogéneo no existiría un concepto de lo heterogeneo. La normalidad es necesaria para que exista la rareza.

Y la rareza existe, de lo cual tenemos que estar agradecidos. Aceptado eso vendría lo difícil: aceptar la rareza como lo que es...

Si la rareza es considerada un atributo de gran valor en numerosos ámbitos ¿por qué en el ser humano es considerado una lacra?

Es más (y cito nuestra frase preferida): "Si todo el mundo busca ser diferente ¿por qué ser raro es considerado un defecto?"

Aceptada la rareza en el ser humano, sólo necesitamos cambiar nuestra concepción de ella. La rareza es buena, es necesaria; es la que te identifica como individuo, pues todos tenemos rarezas (ya sean externas o internas).

Vamos, digo yo...

1:40 PM, noviembre 06, 2006  
Blogger Liverani said...

Es la vieja historia de la dualidad, sin embargo creo que una cosa es ser raro y otra ser diferente. La diferencia es bien acogida. La rareza no. Es inquietante, desconcertante e incluso un poco siniestra. La diferencia está tolerada porque también está estipulada dentro de los amplios márgenes de la normalidad.

11:56 PM, noviembre 06, 2006  
Blogger Firnthirith said...

Sin embargo insisto en el hecho de que la "rareza" es considerada una virtud en otros ámbitos. La simple frase "es una rareza" aporta un gran valor a su destinatario.

Simplemente hay que aprender a extrapolar el concepto, y poder aplicarlo también al ser humano.

12:42 PM, noviembre 07, 2006  
Blogger Firnthirith said...

Chavales!!! Esto necesita movimiento!!!

7:33 PM, noviembre 18, 2006  

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