miércoles, febrero 07, 2007


Caprichos vieneses


“Leopold Mozart nunca pensó que lo estuviera haciendo mal. De hecho, creía que mostrar a su jovencísimo hijo por todas las cortes europeas era la única garantía para poder subsistir dignamente. Salzburgo era un lugar demasiado pequeño para encerrar el talento de Wolfgang, pero si ningún contacto daba resultado, seguiría siendo la opción principal para el sustento de la familia. Leopold servía como segundo maestro de cámara en la corte del príncipe- arzobispo de Salzburgo y, por supuesto, su capacidad intelectual y formación no se correspondía con su posición social. Como era propio de las cortes pequeñas y poco importantes, diariamente el entorno se encargaba de recordarle que estaba muy por debajo de los individuos que figuraban en la cúspide del ordenamiento. Era pusilánime y en ningún momento tuvo la ocurrencia de sobrepasar los rígidos límites que las normas sociales imponían para el comportamiento de un músico. Aguantar y esperar a que Wolfgang lograra un buen puesto en una gran corte europea. Se podría decir que Leopold proyectó en su talentoso hijo las expectativas que él no había podido alcanzar a lo largo de su vida, y esa exigencia tuvo su respuesta en la personalidad de un niño que necesitaba constantemente recibir muestras de afecto y cariño de su entorno para sentir que su presencia en el mundo no era fútil.

Muy pronto Wolfgang superó a su hermana en las destrezas musicales, y el padre comenzó a volcar toda su atención en la formación del niño, tanto, que Wolfgang nunca fue a ninguna escuela. Su formación se redujo al universo musical y al alto nivel de exigencia propuesto por Leopold. Wolfgang necesitaba el cariño de su padre y por ello se aplicaba con vigor en la resolución del ejercicio, no tanto por el propio aprendizaje sino por la recompensa en forma de caricia, beso o alabanza. Las grandes cortes europeas acogían al estamento nobiliario, o lo que es lo mismo, al estamento ocioso. Gentes que vivían de las rentas de las explotaciones agrícolas, o de grandes herencias, o de los títulos nobiliarios necesitaban renovar constantemente su consumo de productos de entretenimiento. La música formaba parte de este universo de esparcimiento y eso lo conocía Leopold. Fueron a Francia, a Inglaterra, a Italia, a Alemania y en todos lugares la acogida fue muy calurosa. El talento de Mozart era conocido en toda Europa y además, era un niño, un niño prodigio con el talento de un genio. ¿Los genios nacen? Es decir, ¿ser un genio es una cualidad innata o es producto de un determinado ambiente social? Sin entrar en consideraciones biológicas lo que si parece cierto es la percepción deshumanizada del genio. Se entiende la etiqueta de genio como la propia de individuos que, por sus capacidades, están fuera de la normalidad. Aún así, todos aquellos que han sido considerados como tales, eran tan humanos como los que les admiraban y normalmente lo han hecho en generaciones posteriores a la de su obra. En todo caso, Mozart era el resultado de un estricto proyecto educativo con fines claramente mercantiles. Pero Wolfgang no lo veía del mismo modo. Sus habilidades sociales eran nulas y sólo era admitido por sus cualidades especiales. Soñaba con la música y componía sin instrumentos entre las manos, pero todo aquello que producía debía estar ajustado a los cánones estéticos que dictaban los consumidores de música: la aristocracia. Mozart empezó a ganar dinero componiendo por encargo. El dinero llegaba pero su insatisfacción interna era cada vez mayor: no podía expresar lo que realmente quería. Corría el riesgo de verse sobrepasado por sus propias creaciones no plasmadas sobre la partitura. Por ello Wolfgang rompió la férrea disciplina paterna, forzó su despido de la corte de Salzburgo y se instaló en Viena cuando apenas contaba con 25 años y los rescoldos de su talento estaban apagándose en Europa. No así en la capital austriaca, donde comenzó a tejer una importante red de contactos que le proporcionó empleo esporádico para sobrevivir y escribir sus propias obras.

No se puede decir que Mozart viera mejorar sustancialmente su vida material con su instalación en Viena. Su fama era tan volátil como el gusto del público vienés, ávido de nuevas sensaciones cada semana. Sin embargo Mozart sentó las bases del cambio en la percepción social del músico. Mozart abrió la vía del músico como un artista independiente no sujeto a las relaciones de dependencia de una corte, donde normalmente no eran mejor considerados que el cocinero o el personal de cámara. Mozart acaba con el artista artesano, mero ejecutor de los deseos estéticos del potentado que paga, para alumbrar al artista artístico que crea atendiendo en exclusividad a los impulsos de su inspiración para un público anónimo que consume el producto sin atender a limitaciones impuestas por la moral ni el honor. Mozart murió en Viena en 1791, con apenas treinta y cinco años, solo, pobre y olvidado. Tan solo su perro lo acompañó hasta el cementerio. Dos años después se estrenó el Réquiem y toda Viena pudo comprobar la grandeza de un genio que incluso compuso la marcha fúnebre que habría de sonar en su recuerdo.”

I. Ampudia de Haro

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Vaya, por fin un post nuevo, que aunque sea la primera vez que escribo he leído todos los artículos.
Y por ello mismo, Ampudia, una duda asalta a mi mente tras leer este post y el de “Desvíos de la naturaleza”... ¿por qué esa fascinación por lo diferente? Qué es lo que realmente intentas comprender, ¿lo diferente, o la percepción de los demás en lo que creen que es diferente?
En cualquier caso Maestro... me ha gustado (el mejor de los tres).

2:36 a. m., febrero 08, 2007  
Blogger Liverani said...

No pretendo desentrañar lo que implica la diferencia, tan solo es inquietud intelectual, satisfacer necesidades que de otro modo no encontrarían salida. Si, es cierto, lo diferente me atrae, me llama la atención, no sé si porque creo que en realidad es ésa la realidad del mundo, es decir, lo que se sale de la norma. En todo caso, parece que lo diferente no existe como una categoría en sí misma sino que se construye externamente por medio de lo que en cada periodo se considera no común. Y además, qué coño, porque a todos nos gusta sentirnos especiales, diferentes, únicos e indivisibles y mostrarnos excéntricos para que este mundo no sea un aburrimiento bíblico. Por eso celebro lo diferente.
Ahh!, y muchas gracias por el post!!.

5:27 p. m., febrero 08, 2007  

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